sábado, noviembre 13, 2010

Diarios de las estrellas. Viajes y memorias

" - Soy creyente - me dijo el Padre Memmar -, y si mi fe está bien fundada, Aquel en quien creo lo sabe aunque no le haga declaraciones oficiales. En el transcurso de la historia, el intelecto confeccionó varios modelos de Dios, considerando cada uno de ellos como el único verdadero. Es un error, ya que el modelaje es codificación, y un misterio codificado deja de ser misterio. Los dogmas parecen eternos sólo al comienzo del camino hacia las lejanías de la civilización. Primero Dios fue imaginado como un Padre severo, luego como un Pastor y cultivador, más tarde como un Artista, lleno de amor para lo Creado. Por tanto, los hombres tuvieron que desempeñar sendos papeles de niños buenos, ovejitas obedientes, y finalmente, el de Su claque, siempre entusiasta. Sin embargo, es infantilismo suponer que que Dios hubiera creado para que su Creación le ensalzara las veinticuatro horas del día y para que le amara de antemano por lo que habrá Allá, si lo de Aquí no es demasiado satisfactorio, como si El fuera un concertista que prepara unos bis de vida eterna para después de la caída del telón de la terrenal, en pago de interminables porciones de bravos rezados. Esta versión teatral de la Teodicea pertenece a nuestro pasado, ya remoto.
Si Dios posee la omnisciencia, lo sabe todo de mí, me conoce desde tiempo indefinido antes de mi emergencia de la nada. Sabe igualmente lo que dispondrá de los temores y esperanzas de los hombres, porque tiene información perfecta sobre sus propias decisiones en el futuro: si no la tuviera, no sería omnipresente. Para El no hay ninguna diferencia entre el pensamiento del hombre de las cavernas y el intelecto que los ingenieros construirán dentro de billones de años allí donde ahora sólo hay lava y fuego. No sé por qué tendría que importarle el lado externo de la fe, y aun el hecho de sentir hacia El adoración o frialdad. No lo tomemos por un productor que espera una aprobación por parte del producto, puesto que la historia nos ha conducido allí donde la autenticidad natural del pensamiento no se diferencia en nada del pensamiento despertado artificialmente, lo que significa que no existe diferencia alguna entre lo artificial y lo natural; hemos dejado ya esta frontera detrás de nosotros. Recuerda que podemos crear cualquier clase de personas y intelectos. Nos sería posible, por ejemplo, confeccionar por el método de la cristalización, clonación u otro cualquiera, unos seres para quienes la existencia misma equivaldría a un estado de éxtasis místico, y en cuyas adoraciones, dirigidas a la Trascendencia, se materializara, en cierto modo, la intención que antes era propia de actos de fe y oración. Pero este sistema de multiplicación de los creyentes nos parecería una burla estéril y vana. Recuerda también que no nos pueden contener las murallas erigidas entre nosotros y nuestros deseos por la limitación corporal y natural, porque las hemos derrumbado y hemos salido al espacio infinito de la libertad creativa absoluta. Un niño puede ahora resucitar a un muerto, infundir vida en el polvo y en la roca, encender y apagar soles, porque estas técnicas existen; el hecho de que no todos tengan acceso a ellas no es, como comprenderás, relevante para el pensamiento teológico. En verdad, los límites de la factible, determinados por las Escrituras, han sido alcanzados y, por lo tanto, infringidos. Las crueldades de las limitaciones antiguas fueron sustituidas por la crueldad de la inexistencia absoluta. Sin embargo, no creemos que el Creador oculte su amor hacia nosotros bajo la máscara de la alternativa de esos dos sufrimientos, atormentándonos para que nos sea más difícil comprenderle; ni la tarea de la Iglesia consiste en presentar como letras de cambio, endosadas por la revelación y pagadas con creces por la contabilidad celestial, las dos calamidades: la esclavitud y la libertad. La visión del cielo como caja de pagos, y la del infierno como una cárcel para deudores insolventes, es una aberración pasajera en la historia de la fe. ..."


Transcribo una partecita que me pareció brillante y que quiero compartir con ustedes.
El auto del libro se llama Stanislaw Lem, por si quieren leer algo de su literatura.

No voy a comentar nada, salvo que estoy bien afín con el autor.

Abrazo!

1 reflexiones:

Miguel dijo...

...es que es brillante el Lem este, y además tiene terrible sentido del humor. A mí me gustaba la demostración de que nunca podría existir vida en la Tierra... uh, y la historia de la familia Tichy... y los cerebros de Cochroan... y el alma en una caja, ...jaja, y las discusiones sobre la papa espacial asesina... jaja, están todos muy buenos. El padre que se encontró con unos seres "demasiado sinceros"...

Igual, creo que no todos los libros de él son tan buenos como ese. Leí un poco de "El retorno de las estrellas" y no me enganchó mucho (¡no está Ijon Tichy!).

Chau!